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Qué pasa con el uranio en Mendoza: la situación de Sierra Pintada y Huemul

Mendoza vuelve al mapa del uranio en medio de planes nacionales para reactivar una industria estratégica. Qué pasa hoy con las reservas y los proyectos en la provincia.

Lunes, 19 de Enero de 2026
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Si bien desde la Casa Rosada aseguran que estamos camino hacia la reactivación de la minería de uranio y en el Presupuesto 2026 nacional se vuelve a incluir ítems vinculados a remediación de pasivos ambientales asociados a Sierra Pintada; puertas adentro del Gobierno provincial advierten que por el momento no hay avances concretos en términos de reactivación productiva y, según voces locales, la Nación aún no bajó un plan de trabajo consensuado con Mendoza.

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En los últimos años, varios países volvieron a apostar por la energía nuclear como fuente estable y de bajas emisiones, en el marco de la transición energética y la necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles. Estados Unidos, Canadá, Francia, China e India impulsan planes de expansión o extensión de vida de sus centrales nucleares, lo que reactivó la demanda global de uranio y elevó su valor estratégico.

A esto se suma la concentración de la producción mundial en pocos países y las tensiones geopolíticas que afectan el suministro, factores que llevaron a muchos Estados a revisar sus cadenas de abastecimiento y a priorizar el desarrollo de recursos propios.

La producción argentina de uranio cesó en 1995 con el cierre de la mina de Sierra Pintada en Mendoza. La Comisión Nacional de Energía Atómica busca reactivar la actividad a partir de las minas sobre las que tiene derechos, como la mendocina Sierra Pintada y Cerro Solo en Chubut, a través de acuerdos con empresas mineras.

Si bien la mina mendocina es la más desarrollada, hay algunas particularidades que la dejarían con menos chances de se reactivada.

"Conocemos bastante bien en dónde hay uranio. Hay varios proyectos, uno podría ser la reactivación de Sierra Pintada, otro empezar con la factibilidad de Cerro Solo. Pero aparte de esos activos que la CNEA tiene hay actores privados que tienen sus derechos mineros y la ley argentina permite la exportación del uranio, con el requerimiento de que se abastezca el consumo local y solo después se exporte. Pero más allá de esa condición a las empresas mineras locales e internacionales les interesa, así que estamos conversando con todas ellas, en particular en estos proyectos, apuntando a firmar acuerdos este año o el próximo", explicó en su oportunidad Germán Guido Lavalle, presidente de la CNEA, sobre el tema en una presentación reciente que realizó para la Fundación Foro Estratégico para el Desarrollo Nacional.

Sierra Pintada: el yacimiento emblemático

Sierra Pintada, en San Rafael fue un complejo minero-fabril clave para la historia del uranio en el país y, al mismo tiempo, quedó asociado a pasivos ambientales cuya remediación se discute desde hace años.

Entre 1975 y 1997, en el Complejo Minero Fabril Sierra Pintada (CMFSP) se extrajeron y procesaron 1.600 toneladas de uranio. Aún hoy este yacimiento es considerado el mayor depósito de uranio conocido de la Argentina, según indican desde la CNEA.

Se calculan reservas de entre 6.000 y 12.000 toneladas. Es la única mina desarrollada en Argentina, lo que la ubica en la de mayor potencial por el nivel de avance, aunque por diversos factores se estima que empezarán a producir antes las minas de Chubut.

La estrategia oficial apunta a reducir la dependencia externa de países como Rusia y Kazajistán, reactivar capacidades locales y, en una etapa posterior, evaluar un perfil exportador si las condiciones técnicas, ambientales y económicas lo permiten. Sin embargo, incluso desde el propio Gobierno nacional se reconoce que se trata de un proceso de mediano y largo plazo, condicionado por inversiones, permisos, controles ambientales y acuerdos con las provincias.

Mendoza en ese mapa: potencial, pero sin definiciones operativas

Así, el caso mendocino aparece como parte de una discusión más amplia, pero con particularidades propias. Sierra Pintada y Huemul forman parte del inventario histórico y geológico del uranio argentino, pero no se encuentran hoy en una situación comparable a proyectos que avanzan hacia producción.

La inclusión de partidas para la remediación de Sierra Pintada en el Presupuesto 2026 refuerza la idea de que, al menos por ahora, la prioridad nacional en Mendoza sigue siendo ambiental y sanitaria, más que productiva. Al mismo tiempo, desde el Gobierno provincial insisten en que no hubo aún una hoja de ruta consensuada ni instancias formales de trabajo con Nación para discutir una eventual reactivación minera.

Así, mientras el uranio recupera centralidad en el discurso y la planificación nacional, en Mendoza el debate continúa atravesado por una premisa básica: antes de cualquier nuevo ciclo productivo, debe cerrarse correctamente el capítulo de los pasivos ambientales y definirse con claridad el rol de cada actor.

A quién pertenece qué: CNEA, provincias y privados

En uranio, la pregunta "¿de quién es?" rara vez tiene una respuesta de una sola respuesta, porque se superponen:

  • El rol nacional de la CNEA, tanto en el histórico desarrollo del uranio como en la gestión de pasivos y sitios asociados (incluida información oficial sobre sitios en Mendoza).

  • Las competencias provinciales sobre el control ambiental y la licencia social/administrativa que cualquier actividad extractiva requiere en territorio mendocino.

  • Los proyectos privados que pueden existir sobre áreas con potencial, en distintos estadios (prospección, exploración inicial, etc.), muchas veces mencionados en informes sectoriales o periodísticos.

De qué hablamos cuando hablamos de uranio

El uranio es un elemento presente de manera natural en la corteza terrestre y cuya extracción se realiza a través de métodos de minería convencional. En términos simples, el proceso comienza en la mina: la roca se remueve, se tritura y luego se somete a técnicas de separación para obtener un primer producto llamado concentrado de uranio o torta amarilla. Ese material, que se asemeja a un polvo fino de color amarillo, constituye la base del ciclo de combustible nuclear.

A partir de allí comienza una etapa industrial clave. El concentrado se trata con hexafluoruro, un gas que permite transformarlo en dióxido de uranio, un polvo altamente refinado que luego se peletiza: se compacta en forma de pequeñas pastillas. Cientos de estas pastillas se apilan dentro de tubos especiales para conformar los elementos combustibles que utilizan los reactores nucleares.

En la naturaleza, la mayor parte del uranio es U-238 (~98%), pero la fracción que realmente permite generar energía mediante fisión es el U-235, presente en un porcentaje mucho menor. El enriquecimiento -la concentración controlada de U-235- determina el destino del combustible: niveles bajos para centrales de potencia, niveles distintos para reactores de investigación. Este paso, altamente regulado, explica por qué existen organismos internacionales dedicados a controlar los stocks, el uso y, sobre todo, los residuos derivados de la actividad nuclear. Entre ellos, Argentina y Brasil comparten desde hace décadas la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), un caso único en el mundo.

La relevancia del uranio no es solo técnica sino también estratégica. Su densidad energética es extraordinaria: una sola pastilla de uranio puede generar la misma energía que una tonelada de carbón.

Por eso, en un mundo con crecimiento demográfico, electrificación acelerada y demanda creciente de energía, se lo considera una de las fuentes más eficientes disponibles. Quien dispone de uranio -y de la capacidad tecnológica para procesarlo- dispone, en gran medida, de capacidad energética propia.

Las aplicaciones se dividen en dos grandes familias. Por un lado, las centrales nucleares de potencia, como Atucha I, Atucha II o Embalse, que producen electricidad. Por otro, los reactores de investigación, como el RA-6 (Bariloche), el RA-3 (Ezeiza) o el RA-10, próximo a entrar en operación. Estos últimos funcionan como verdaderas "fábricas" de conocimiento: producen radioisótopos para medicina -diagnósticos, terapias oncológicas-, permiten ensayos de materiales, formación técnica y la generación de insumos estratégicos como silicio dopado, indispensable para la industria de microchips en un mercado global cada vez más tensionado.

A la vez, el ciclo nuclear genera residuos que requieren control y vigilancia estricta, entre ellos el plutonio, materia especialmente sensible en términos de seguridad internacional. Este es el motivo por el cual la industria nuclear está auditada por organismos regionales y mundiales que supervisan inventarios, residuos y usos pacíficos.

En síntesis, hablar de uranio es hablar de un recurso mineral, pero sobre todo de un activo energético, científico y geopolítico.

Su presencia en un territorio implica desafíos ambientales y regulatorios, pero también oportunidades de desarrollo tecnológico y autonomía energética.

Por eso, en la agenda global actual, el uranio se ha convertido -una vez más- en una pieza central del debate sobre el futuro de la energía.FUENTE: SITIO ANDINO