Más del 85 % de las personas que atribuyen sus cefaleas a un problema en los senos paranasales podrían tener otro trastorno, según Harvard Health. La presencia de determinados síntomas y los antecedentes de cada paciente ayudan a orientar el diagnóstico

Más de 85 % de las personas que atribuyen su dolor de cabeza a una sinusitis podrían tener migraña, según advierte Harvard Health Publishing. La presión en la cara, la nariz tapada y los cambios de clima pueden confundir el origen del dolor de cabeza y demorar el tratamiento indicado.
La confusión tiene una explicación. Durante una crisis de migraña pueden aparecer congestión nasal, lagrimeo, ojos rojos, secreción nasal transparente o párpados hinchados. Por eso, el dolor en la frente, las mejillas o detrás de los ojos puede parecer una infección de los senos paranasales aunque no lo sea.
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La migraña es un trastorno neurológico que se manifiesta en crisis. Parte de esas manifestaciones se vincula con el sistema nervioso autónomo, que regula funciones que el cuerpo realiza sin que lo decidamos, como los latidos, la presión arterial y la sudoración.
Cuando su funcionamiento se altera durante una crisis, pueden aparecer molestias en los ojos y la nariz, incluso sin una infección respiratoria ni inflamación de los senos paranasales.

El clima también puede añadir confusión. Los cambios de presión atmosférica y las variaciones estacionales coinciden a veces con dolor facial. Sin embargo, ese dato, por sí solo, no alcanza para diagnosticar sinusitis. Para determinar la causa, el médico debe considerar los síntomas, los antecedentes de cada paciente y la evolución de las crisis.
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La American Migraine Foundation sostiene que cerca de 9 de cada 10 personas que se autodiagnostican una cefalea sinusal en realidad tienen migraña. La entidad cita, además, una investigación en la que el 88 % de los participantes que habían tenido al menos seis episodios de ese tipo en seis meses cumplían criterios compatibles con ese trastorno.
Algunos signos hacen más probable una infección de los senos paranasales. Uno de los más importantes es la secreción nasal espesa, amarillenta o verdosa, que puede acompañar a la sinusitis.
La fiebre también orienta la consulta. Si bien una persona con migraña puede sentirse decaída, la fiebre no es habitual en ese cuadro. En una sinusitis puede presentarse junto con congestión persistente, menor capacidad para oler y presión o dolor en la cara.
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Según el caso, la evaluación puede requerir estudios por imágenes o una endoscopia nasal, un examen que permite observar el interior de la nariz. Si se detecta una alteración en los senos paranasales y las molestias ceden después del tratamiento, es probable que el dolor esté relacionado con esa afección.
Si el dolor continúa después de que la infección se resuelve, es necesario buscar otras causas, incluida la migraña.
Hay síntomas que, por el contrario, hacen pensar en una migraña. El dolor que late o pulsa, que empeora con la actividad física y se acompaña de náuseas, sensibilidad a la luz, al ruido o a ciertos olores es característico de estas crisis. También puede ocurrir que la persona necesite acostarse en un lugar oscuro y silencioso hasta sentirse mejor.
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Los antecedentes familiares ayudan a completar la evaluación. Harvard Health Publishing señala que algunas personas no reconocen casos de migraña en su familia, pero recuerdan que madres, hermanas o tíos sufrían frecuentes “problemas de sinusitis”. Si esas personas buscaban aislarse del ruido y de la luz o tenían náuseas, esos episodios podrían haber sido migrañas.

Distinguir ambos cuadros cambia el tratamiento. La sinusitis requiere tratar su causa, que puede ser viral o bacteriana, mientras que la migraña necesita medidas para aliviar las crisis y, si la frecuencia lo justifica, prevenirlas.
Las alergias, por su parte, pueden provocar congestión y dolor facial, aunque no equivalen a una sinusitis. Usar de manera repetida antibióticos o descongestivos cuando no hay infección puede retrasar el abordaje adecuado.
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Quienes tienen cefaleas frecuentes deberían consultar a un profesional y describir la duración, la ubicación y los síntomas de cada episodio. También conviene anotar posibles desencadenantes, los medicamentos utilizados y los antecedentes familiares.
Hay señales que exigen atención urgente: dolor de cabeza muy intenso que aparece de manera repentina, molestias posteriores a un golpe, desmayo, dificultad para hablar o caminar, debilidad u hormigueo en una parte del cuerpo, pérdida de visión, fiebre alta o episodios cada vez más frecuentes e intensos.
Identificar la causa permite elegir el tratamiento apropiado y evitar estudios, consultas y medicamentos que no resulten necesarios.