A pesar del contexto económico de extrema cautela y de la retracción del consumo interno, la industria turística de Mendoza continúa desafiando la gravedad. Un informe preliminar presentado por el Ente Mendoza Turismo (Emetur) reveló que la provincia cerró un tramo interanual con cifras altamente positivas impulsadas por el turismo internacional, posicionándose una vez más como el destino preferido del interior del país gracias a la potencia global de su marca vitivinícola y su infraestructura hotelera de alta gama.
### El fenómeno del enoturismo y el impacto extranjero
El motor fundamental de este flujo constante de visitantes sigue siendo la sinergia entre el vino y la alta gastronomía. Con los tradicionales circuitos de Luján de Cuyo, Maipú y el Valle de Uco a la cabeza, las bodegas mendocinas registraron niveles de ocupación y reservas que superan los promedios nacionales.
La llegada masiva de turistas extranjeros —provenientes principalmente de Brasil, Chile, Uruguay y Estados Unidos— encontró en el tipo de cambio un incentivo para disfrutar de experiencias de lujo a precios competitivos en dólares. Sin embargo, este fenómeno expone una dualidad interna: mientras el segmento hotelero de cuatro y cinco estrellas y las bodegas boutique operan con altos niveles de reservas, el turismo nacional de clase media se ha visto notablemente acotado, optando por estadías mucho más cortas de fin de semana o escapadas de cercanía.
### Nuevos corredores y conectividad aérea
Para sostener este flujo en vistas a la próxima temporada estival, el Gobierno provincial y el sector privado trabajan de manera conjunta en la ampliación de la conectividad. En las últimas semanas se confirmaron nuevas frecuencias aéreas directas que conectan el Aeropuerto Internacional El Plumerillo con hubs estratégicos de la región, facilitando la llegada de visitantes sin la necesidad de pasar obligatoriamente por Buenos Aires.
Asimismo, se puso en marcha un plan de fortalecimiento para los corredores de montaña y el turismo de aventura en Malargüe y San Rafael, buscando diversificar la oferta más allá del vino y posicionar a toda la extensión territorial mendocina como un destino de naturaleza durante los doce meses del año.