El agro se encamina en 2026 con automatización, agricultura de precisión y sustentabilidad como claves para la competitividad en Mendoza y Cuyo.
En regiones como Mendoza y el conjunto de Cuyo, donde la escasez de agua, la limitada disponibilidad de mano de obra y el aumento de los costos productivos condicionan cada campaña, estas tendencias adquieren una relevancia singular y obligan a repensar el modelo productivo tradicional.
Uno de los ejes centrales de esta nueva etapa es la consolidación de la automatización y la inteligencia artificial en las tareas agrícolas. "La automatización ya no es solo para grandes productores. Hoy vemos interés real de fincas medianas de todo Cuyo que buscan robots, sensores o maquinaria inteligente para ganar eficiencia y previsibilidad", señala Lucas Gilbert, gerente de Agrocosecha y especialista en temas agropecuarios.
A escala global, tractores autónomos, robots de desmalezado equipados con sistemas de visión artificial y pulverizadoras inteligentes ya operan de manera habitual en grandes explotaciones de Estados Unidos, Europa y Asia. La progresiva reducción de costos y la mayor adaptabilidad de estas tecnologías permiten su incorporación en sistemas productivos medianos, lo que abre una ventana de oportunidad para economías regionales como la mendocina. En este contexto, la automatización aparece como una respuesta concreta frente a la escasez estructural de mano de obra rural y al incremento sostenido de los costos laborales, particularmente en labores intensivas y repetitivas como el raleo, la cosecha asistida o el control de malezas.
Vinculada estrechamente a este proceso se encuentra la expansión de la agricultura de precisión, que se consolida como uno de los pilares técnicos del nuevo ciclo productivo. El uso combinado de sensores de suelo, imágenes satelitales, sistemas de posicionamiento global y análisis de grandes volúmenes de datos permite optimizar el uso de insumos clave, como el agua, los fertilizantes y los fitosanitarios. En Mendoza, donde la disponibilidad hídrica constituye el principal factor limitante de la producción, esta tendencia adquiere un valor estratégico. "En una provincia como la nuestra, la eficiencia hídrica no es una ventaja competitiva: es una condición de supervivencia. La tecnología hoy permite medir, anticipar y decidir mejor", explica Gilbert.
La posibilidad de reducir de manera significativa el consumo de agua sin resignar rendimientos redefine los márgenes de viabilidad económica y ambiental de actividades centrales como la vitivinicultura y la fruticultura, al tiempo que introduce una lógica de gestión más rigurosa y anticipatoria.
A estas transformaciones técnicas se suma un cambio profundo en las reglas del comercio agroalimentario internacional. Los mercados de destino, especialmente en Europa y América del Norte, exigen cada vez más información vinculada a la trazabilidad ambiental y a las condiciones de producción. El uso de bioinsumos, el manejo integrado de plagas y las prácticas asociadas a la agricultura regenerativa avanzan desde el plano ético hacia el terreno estrictamente comercial. En este escenario, la sustentabilidad deja de ser un atributo deseable para convertirse en un requisito de acceso a los mercados.
Para el agro cuyano, esto implica integrar criterios ambientales en el núcleo de las decisiones productivas y asumir que el "cómo se produce" es tan relevante como el volumen o la calidad final del producto. "Los compradores externos empiezan a preguntar cómo se produce, no solo cuánto se produce. La sustentabilidad pasó a ser parte del negocio", advierte el gerente de Agrocosecha.
Otro rasgo distintivo de esta etapa es la digitalización integral de la gestión agrícola. El pasaje de herramientas aisladas a plataformas digitales integradas permite centralizar información climática, productiva, operativa y comercial en sistemas capaces de ofrecer recomendaciones en tiempo real. Estas plataformas, potenciadas por inteligencia artificial, contribuyen a mejorar la planificación de la siembra, el riego, la cosecha y la comercialización, reduciendo la dependencia de la intuición y aumentando la capacidad de respuesta frente a escenarios cambiantes.
Para los productores de Cuyo, inmersos en un contexto de alta volatilidad climática y macroeconómica, la gestión basada en datos se perfila como una ventaja competitiva decisiva. "El productor que toma decisiones con datos tiene una ventaja enorme frente al que sigue trabajando solo por intuición", resume Gilbert.
En paralelo, el escenario global también muestra cambios relevantes en la dinámica del mercado de maquinaria agrícola y en las modalidades de financiamiento del sector. La menor disponibilidad inmediata de equipos, producto de cadenas de suministro más tensionadas y de una mayor concentración de la oferta, obliga a planificar las inversiones tecnológicas con mayor anticipación y con un horizonte de mediano plazo. Al mismo tiempo, comienzan a ganar espacio instrumentos financieros alternativos que buscan reducir la dependencia del crédito tradicional, un aspecto particularmente sensible en economías como la argentina, donde las restricciones macroeconómicas condicionan el acceso al financiamiento.
En conjunto, estas tendencias configuran un panorama exigente pero cargado de oportunidades para el agro mendocino y cuyano. "El agro cuyano tiene conocimiento, tradición y adaptación. Si logra incorporar tecnología de forma inteligente, puede posicionarse muy bien en el escenario que viene", concluye Lucas Gilbert.
La adopción inteligente de tecnología, apoyada en el conocimiento productivo acumulado y en la histórica capacidad de adaptación de la región, aparece como la clave para sostener y mejorar la competitividad. En un mundo marcado por el cambio climático y por mercados cada vez más selectivos, el futuro del agro se juega tanto en la eficiencia en el uso de los recursos naturales como en la capacidad de anticipar los cambios y convertir la innovación en una estrategia de desarrollo sostenible.FUENTE SITIO ANDINO