Mendoza, de de

Economía Impacto habitacional

Mediciones e ingresos: la pobreza "invisible" que generan los alquileres en las grandes ciudades

Un informe revela que al descontar el alquiler de los ingresos en Buenos Aires, miles de personas caen bajo la línea de pobreza e indigencia. Una realidad urbana que resuena con fuerza en Mendoza, donde el costo del techo achica los bolsillos.

Miercoles, 22 de Julio de 2026

Un informe de la Fundación Tejido Urbano encendió el debate sobre los métodos para medir la pobreza. Al no contemplar el gasto en alquiler dentro de la canasta básica, las mediciones tradicionales subestiman el impacto del acceso a la vivienda: si se descuenta el pago del alquiler en la Ciudad de Buenos Aires, la tasa de indigencia en hogares inquilinos se multiplica por tres y más de 233.000 personas caen a un estrato inferior.

A pesar de que el ingreso promedio de un hogar inquilino en CABA es similar al promedio general ($1.827.898 frente a $1.858.653), la erosión presupuestaria por el pago mensual del techo hace que la indigencia salte del 1,9% al 6,9% y la pobreza del 7% al 9,7%. Esto muestra que buena parte de la clase media se sostiene en esa categoría solo bajo mediciones pre-habitacionales.

Un fenómeno que replica su lógica en el mercado mendocino

Aunque los montos difieren respecto a la capital del país, la lógica se traslada directamente al escenario local. En el Gran Mendoza, el alquiler representa una de las porciones más abultadas del presupuesto familiar, compitiendo directamente contra la canasta de alimentos y servicios.

De aplicarse una medición que descuente el costo del techo en la provincia, varios sectores calificados como "no pobres" por los índices oficiales pasarían a integrar franjas de vulnerabilidad. La presión del mercado inmobiliario mendocino genera así una brecha entre el ingreso nominal y el dinero real disponible para el consumo cotidiano.

El sueño de la casa propia, diez años más lejos

El estudio remarca además que alquilar dejó de ser una instancia pasajera de la juventud. Históricamente, el paso a la vivienda propia se alcanzaba entre los 30 y 35 años, mientras que hoy ese hito se postergó hasta los 45 años debido al encarecimiento del suelo y los inmuebles.

Detrás de esta postergación de una década se encuentra la barrera crediticia: solo 1 de cada 5 hogares inquilinos cuenta con ingresos formales suficientes para acceder a un crédito hipotecario. Un obstáculo estructural que condiciona el futuro habitacional tanto en el puerto como en la provincia de Mendoza.